¿Qué pasa si me muestro hoy? ¿Qué pasa si solo tenemos este día y es mi única oportunidad para ser yo, en plenitud?
Llevo días preguntándome esto. Y cada vez que intento dar el paso, llegan las dudas y esos pensamientos intrusivos. Es lo que escuché hace poco en un podcast: "la voz chinga quedito". No es más que la voz del ego asustado, tratando de mantenernos a salvo en el anonimato.
Las preguntas me bombardean: ¿Pero Argy, qué parte de ti quieres mostrar? ¿De qué vas a hablar? Siento que soy tantas cosas y tengo tantos intereses, que intentar definirme con una sola palabra me resulta imposible.
¿Acaso somos una sola cosa? ¿Somos solo una profesión? Yo creo que no. Somos un cúmulo de pasiones, de acciones y de silencios. Por eso hoy, simplemente voy a hablar de mí y de algo que llevo experimentando hace meses.
El refugio en la cocina
Dentro del universo de Argy, existe un lugar que es pasión, escape y amor absoluto: la cocina.
Mi camino hasta aquí ha sido un proceso de "desmenuzar" mi propia historia para comprender de qué está hecha esa esencia única —esa luz— que todos llevamos dentro. Llevo siete años viviendo en España; un viaje que he transitado en soledad y que me ha obligado a escucharme, conocerme y, sobre todo, sentirme.
En medio de este viaje, apareció un diagnóstico: Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP).
Hoy entiendo que nada es casual. La medicina tradicional no me sentaba bien y la idea de hormonarme de por vida no me convencía. Así empecé a investigar cómo cuidarme de forma no invasiva. Todas las señales apuntaban a lo mismo: alimentación consciente, descanso, gestión del estrés, suplementación y escucha activa. Pero en ese momento, llegar a ese equilibrio parecía una montaña imposible de escalar.
El eco de la memoria
Curiosamente, mientras intentaba sanar, una palabra se repetía como un mantra en mi interior: CUIDARTE y CUIDAR.
Empecé a cocinar para mí, buscando lo ecológico, lo sano, lo real. Y de repente, empezaron a brotar memorias que estaban dormidas. Recordé a mi tía abuela (mi abuelita de corazón) preparando platos abundantes y deliciosos; recordé las reuniones familiares y lo que se sentía estar alrededor de una mesa: alegría, amor y armonía. La comida no era solo alimento; era el hilo que nos conectaba.
Recordé que, de niña, mi juego favorito era la cocina. Mi tío me llevó una vez a una juguetería y, entre miles de opciones, elegí una cesta llena de verduras, frutas y cubiertos de plástico.
Hoy me doy cuenta de que ya venimos con un don, con un sentido. Nuestra misión es simplemente tener el valor de desarrollarlo.
El nacimiento de deliO
Llevo cinco meses con deliO, mi proyecto de comida saludable y ecológica a domicilio. Mis clientes son personas que, como yo, buscan sentirse mejor, que tienen restricciones o condiciones específicas y que saben que el alimento es la base de todo.
Entiendo ahora que el SOP no fue una condena, sino la vía para dejar de tener miedo a ser quien soy. Fue el impulso para mostrarme.
Hoy tengo claro que mi misión es esta: cuidar, apoyar y, a través de ese servicio, transformarme. Mi cocina no es solo comida; es mi verdad puesta al servicio de los demás.
Con amor,
Argy
